lunes, 13 de febrero de 2017

(PDF) PEDRO RUBIO, PINTOR ADOPTIVO DE ALBENDEA




PEDRO RUBIO, UN MAESTRO DE LA PINTURA EN ALBENDEA
POR ANTONIO MATEA MARTÍNEZ




INTRODUCCIÓN
Como ya apuntamos en la introducción que hicimos sobre Octavio, Albendea tiene un amplio muestrario de artistas si la comparamos con su escasa población. Uno de ellos, aunque nacido en la localidad jienense de Montizón, es Pedro Rubio Avilés, que está unido a Albendea por su matrimonio con Teresa Olvera Llandres.
Gran aficionado a la pintura, aunque también se ha dedicado a otras técnicas artísticas, Pedro se transforma cuando tiene el pincel en la mano, dando forma a sus figuras con una gran maestría y realismo, esperando que brote su obra en la superficie del lienzo o de la tabla como quien espera la salida de una recién nacida ninfa de las aguas límpidas de un río. Su pincelada, suave y difuminada unas veces, fuerte y acentuada otras, con trazados marcados y palpables en el soporte, permite una percepción visual de su obra con una significación realista, llena de formas sensibles, pero a la vez cargada de un profundo espíritu simbólico y sentimentalista.
Pedro se refugia en el arte de la pintura para encontrar la paz interior, una paz que quizás no es capaz de hallar de forma consolada fuera de ella. El pintor, a través de su hechura, nos introduce en el tema que expone, haciéndonos ver que no hay más realidad que la que hallamos en la obra presentada ante nuestros ojos, para que podamos sumergirnos en su belleza y en su hechizo a través de la composición, las líneas y los colores.
Los vecinos de Albendea, a quienes principalmente va dirigido el trabajo que confeccionamos en estas líneas, conocemos muchas cosas ajenas a nuestro pueblo, pero a veces ignoramos lo que sucede dentro de él. Con estas líneas, al igual que aquellas que expusimos sobre Octavio, se pretende llegar a conocer quién es Pedro Rubio y cómo llegó a hacerse pintor, profundizando en el artista y sobre todo en su obra.
Pedro Rubio no es hijo natural de Albendea, pero su alma está impregnada de nuestro pueblo, como muestra en la temática de sus cuadros. Pedro siempre se ha considerado hijo de Albendea, a pesar de su nacimiento en tierras jaeneras y de su domicilio valenciano, y contribuye con su obra a darlo a conocer y a difundirlo fuera de nuestra tierra.
PEDRO Y SU OBRA
Pedro Rubio nació en Venta de los Santos, núcleo que pertenece al municipio de Montizón, provincia de Jaén, el 20 de noviembre de 1952. Pero las circunstancias de la vida, que no vienen aquí a propósito, le llevaron a emigrar con tan sólo 12 años a tierras valencianas. En Valencia se encontraban ya sus hermanos mayores y hasta allí partió el resto de la familia para poder reagruparse.
De niño asistía a clase de dibujo y pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, pues descubrió a temprana edad que su gran afición era pintar. Allí estudió durante varios años, aunque, según nos confiesa Pedro, en la escuela de pintura sólo le enseñaron a limpiar los pinceles. 


 ARLEQUÍN



 ABSTRACTO SOBRE TABLA





 CAMPO DE FÚTBOL





 ERMITA DE LA VIRGEN DE LA VEGA (ALBENDEA)





CAMPO MANCHEGO



PLAZA DEL CONDE DE PRIEGO


Antes de ir al colegio, antes incluso de aprender a leer y a escribir, Pedro ya había dado los primeros pasos en el mundo del dibujo. Su gran distracción de niño, que fue aprovechada sagazmente por su madre para su serenidad y tranquilidad, era coger los lápices de colores y hacer garabatos en un papel, disfrutando como si hubiese recibido un juguete nuevo.
Años más tarde, todavía en edad escolar, Pedro empezó a dibujar comics para sus compañeros de clase, que quedaron sorprendidos de su estilo y  pericia en este arte. Realizaba comics y dibujos por encargo, que luego vendía para poder comprar material de pintura y dibujo, para así poder seguir con sus prácticas representativas.
También en Valencia, aparte de pintura, estudió música y empezó a tocar la guitarra, llegando incluso a componer algunas de las piezas que interpretaba. Junto con su primo Juan formó un dúo, aunque sus expectativas de éxito se quedaron truncadas en el camino, según dice Pedro por la falta de medios materiales y económicos.
Quizás por ello decidió seguir con la pintura, un arte innato para él.
“A pintar –dice Pedro– no se aprende, el oficio y el arte se llevan dentro, en el fondo del alma. Sólo hay que aprender a saber sacar los proyectos artísticos del interior de uno mismo.”
La pintura supone para Pedro un auténtico relax, una liberación de la cotidianeidad, y a la vez una forma de comunicación. Cuando Pedro pinta expresa lo que lleva en su interior, aquello que impulsado por las musas está pidiendo a gritos salir, esperando a que el arte de la pintura le dé la forma adecuada para ver la luz del mundo. 

 ALBENDEA DESDE EL RÍO SAN JUAN



 BODEGÓN


 OSCAR CON SU REBAÑO


PAISAJE CON ESPÁTULA

Pedro conoció en Valencia a Teresa Olvera, con quien contrajo matrimonio, quedando así definitivamente su vida unida a nuestra tierra alcarreña. Se construyó una casa en Albendea para poder venir con mayor frecuencia, aunque ya de novio solía pasar algún fin de semana en nuestro pueblo en casa de los padres de Teresa. De su unión matrimonial nacieron tres retoños: Pedro José, Francisco Javier y Héctor David.
No es Pedro persona que le guste figurear, ni pregonar su obra a los cuatro vientos, sino sólo a sus más allegados y amigos. Pero para contribuir a que podamos conocer un poco más nuestro pueblo y sus gentes, para poder así a la vez engrandecerlo, ha accedido a abrirnos las puertas de su obra y de su vida en estas notas que exponemos a continuación.
Su prolífica obra se ha elaborado con diferentes técnicas artísticas, sobre todo óleo a pincel o a espátula y acrílico. También ha realizado varias esculturas, destacando en madera de pino una talla de un Cristo románico atado a la cruz, empleando para ello la gubia, así como una talla de un torero, también con gubia, esta vez con madera de haya.
Una de sus primeras obras fue un óleo sobre tabla, en la que repre-senta unas cerezas en plena madurez, frutas que son forjadas con un impre-sionante realismo. Esta obra la compuso con tan sólo catorce años y en ella ya muestra cómo conseguir volumen y profundidad en una obra naturalista, aunque quizás los fondos podrían también calificarse de ligeramente neutros. Destaca también el contraste de los oscuros de las hojas, con sus nervaduras bien pinceladas y resaltadas, con los tonos azulados y grisáceos del fondo.
 

 CAMINO DE CUEVA TOMÁS (ALBENDEA)



 CASA NATAL



 CASAS COLGADAS DE CUENCA



 JILGUEROS (ALEGORÍA FAMILIAR)



 PADRES

PEDRO JOSÉ

         Otra obra que queremos destacar es el campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Albendea, un óleo sobre lienzo que pinta tras treinta años de interrupción en las artes figurativas. Es su primera obra de su nueva etapa, con la que demuestra que, a pesar de esos treinta años de invernada en el arte de la paleta, no pierde su saber y su técnica, como enseña en la composición de los árboles y en la representación y plasticidad de los sillares del campanario. 

Una de las obras de la que no se separaría jamás es el autorretrato que nos ha servido de portada, una obra en óleo sobre tabla, trabajada con espátula. En esta hechura muestra su buen manejo de esta difícil técnica, con la que transmite toda la energía del pintor, una energía y seriedad que apreciamos en la mirada, en la compostura y en la perspectiva del rostro.

En la ermita de Nuestra Señora de la Vega, una obra en óleo sobre lienzo, queda representada con absoluta naturalidad toda la mampostería de la fábrica del templo, que se estructura en una composición cromática con predominio de las tonalidades verdes, prototipo de un paisaje primaveral. Con una línea fluida, que se funde con las masas tonales del color y la tridimensionalidad del espacio, consigue una bien marcada pintura, en la que armoniza la dialéctica lumínica, la sacralidad del edificio y el entorno en el que se ubica. Hay que destacar también en esta obra, dentro de la simetría y proporción del conjunto, las bien conseguidas incipientes hojas de los chopos, que se enfatizan sobre el azul claro del cielo.


Otra obra realista, que queremos destacar de Albendea es la imagen desde el valle del río San Juan, en la que el pueblo se nos muestra imponente y majestuoso desde el fondo del vallejo, como una muralla infranqueable que sin duda debió ser en tiempos pretéritos. En esta ocasión nos enseña una mirada de Albendea que sólo se puede apreciar extramuros, desde el camino que fue antaño del Villar del Infantado, con una gama fría de tonalidades secundarias, sobre la que se resaltan los ocres de la cuesta por la que se sube al pueblo desde el río.


PLAZA DE MI PUEBLO



 SALIDA DE SOL



 VAREANDO LA ACEITUNA

Una obra de Pedro que raya la perfección es la Plaza del Conde de Priego, un óleo sobre tabla, obra que vista de lejos parece una fotografía, más que una representación pictórica. La sillería del aparejo de los edificios, la farola del centro de la plaza, eje de la composición de la obra, las sombrillas del bar, las balconadas, la fuente, etc., han sido tan bien logradas que muestran el buen hacer en las artes figurativas de este maestro de Albendea.
 En Arlequín, un acrílico sobre tabla, Pedro fantasea con el color y el movimiento de la figura humana, así como con la luminosidad del fondo del cuadro, que hace que la imagen sea más sobresaliente y protagonista dentro del conjunto de la composición. La intensidad del color escarlata y el conjunto cromático de la vestimenta del bufón, introducen una novedad en la pintura de Pedro, que da el salto del urbanismo y naturalismo campestre al campo de la fantasía y trasfiguración humana.
   Pero no es esta pintura, o el ya citado autorretrato, las únicas muestras de figuración humana que nos ofrece Pedro, pues en otras obras muestra su sapiencia en este campo. Podemos destacar el retrato de su hijo Héctor David, un oleo sobre lienzo en el que refleja a su hijo sonriente, con gran parecido con su padre. Asimismo, otro retrato destacable es el de su hijo Pedro José, también en óleo sobre lienzo, con la figura del rostro reflexivo y sus contornos sombríos, sujetado por su mano, y unos pliegues de los ropajes bien trabajados. El mismo éxito consigue en la representación de Primitivo y Pía, padres de Pedro, en los que refleja de manera prudente el paso de los años en sus rostros.

 Pero quizás el retrato mejor conseguido, al menos desde nuestro parecer, es el de su hijo Francisco Javier, de nuevo un óleo sobre lienzo. Destacamos en esta obra la pincelada fría, con una línea muy fina, con la que refleja la sonrisa del muchacho con cierta melancolía y hieratismo, que lleva conseguir una expresión extraordinariamente completa. Sus bien contorneadas formas y pliegues de la vestimenta, que destacan sobre los tonos pálidos del fondo, la simetría de la figura humana y esta citada expresión del lenguaje de la mirada, llevan al observador a sumergirse  en los sentimientos del personaje.
En Alegoría familiar (Jilgueros con su prole), también óleo sobre lienzo, Pedro lleva el naturalismo a su máxima expresión. El espectador que mira esta obra encuentra una composición llena de simbolismo, de ternura y afecto familiar, con una pareja de jilguerillos henchida de vida y color, que alimentan a su descendencia en el nido, como lo haría cualquier humano con sus hijos. Las bien perfiladas siluetas de las aves, dentro de su entorno natural y con la única preocupación de sacar adelante a sus hijuelos, contextualizan una escena que podríamos extrapolar al entorno de un hogar familiar. Las intensidades cromáticas del plumaje de los fringílidos, con la diferente posición jerárquica de la pareja, los detalles de las hojas, con todas sus nervaduras, y la representación del palmeral en el fondo de la composición muestra la valía de este artista de Albendea. 



 CALLE DE ALBALAT




 CEREZAS




FRANCISCO JOSÉ




 PAISAJE DE OLIVOS




 PAISAJE MARINO




 PASEO DE LA CARRERA (ALBENDEA)




 PLAZA DE VENTA DE LOS SANTOS




TORERO

Esa valía se muestra asimismo en el óleo de su bodegón, una obra sobre tabla creada con extraordinaria simetría y disposición axial, de la que podríamos destacar las entrelazadas pinceladas que dan forma a la canasta que contiene las frutas. Pero lo que más destaca en él es la perfecta representación de la piel de las manzanas, conseguida con tal realismo que da la impresión que podríamos fácilmente cogerlas y comerlas.

Otra obra que queremos destacar de Pedro es su paisaje marino de Albuisech, una obra que compuso en sus inicios para un concurso organizado por Iberia. Aunque no obtuvo ningún premio, esta obra tiene un estilo vibrante, donde Pedro muestra gran virtuosismo técnico en sus primeros pasos en este mundo de la pintura, con unas pinceladas sobresalientes en la representación de las rocas de la orilla y en la espuma burbujeante de un mar, que aparece en pleno movimiento.

Su obra más reciente son las Casas Colgadas de Cuenca, que compone por encargo de un amigo. Es un óleo sobre tabla, su técnica y soporte favoritos, en el que muestra estos edificios, símbolo de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, con unas balconadas bien conseguidas llenas de realismo y luminosidad, que contrastan con el oscuro azul de la noche.

En cuanto a la escultura, podemos citar su Cristo románico atado a la cruz, una obra tallada con gubia en madera de pino. Es una obra moralizante, construida con varias piezas encoladas rematada con un lacado negro, obra que podemos hallar en su casa de Albendea. Allí Pedro nos puede enseñar también algunas de sus muchas otras obras.
Asimismo en madera, aunque esta vez en madera de haya, Pedro compone Torero, una obra figurativa de gran esquematismo, con la que cambia totalmente el estilo artístico de la anterior. Con sus bien entallados contornos, así como el acabado pulido de la obra, el artista nos hace creer que estamos ante una pieza de mármol, en lugar de tener ante nosotros una talla de madera, demostrándonos su gran destreza en la técnica del trampantojo.
En definitiva, con este trabajo sobre Pedro Rubio Avilés queremos dar a conocer a una persona de nuestro entorno, que ofrece en sus obras toda su sabiduría y buen hacer en las artes plásticas de la pintura y la escultura. Alguien muy cercano a nosotros que hemos de conocer para saber que nuestro Pueblo, Albendea, a pesar de su lejanía y aislamiento, a pesar de su cada vez más menguante población, guarda en su interior auténticos artistas y auténticas obras de arte, que Pedro desde su domicilio del Paseo de la Carrera está siempre dispuesto a enseñar a quien las quiera conocer.


 ACEITUNAS A CONTRALUZ (ACRÍLICO SOBRE TABLA)


CRISTO ROMÁNICO


HÉCTOR DAVID


TORRE DE LA IGLESIA DE ALBENDEA